La justicia universal existe. Todos acabamos muertos o UNDEADS

Dos perros cazadores

sábado, 29 de mayo de 2010

La noche avanza. Canes Venatici o lo que creo que es aquella constelación, aguardan vigilando en el mar negro infinito. Fieles e incansables, las estrellas siempre están ahí.

Espero al amanecer y cierro los ojos despidiéndome de mis futuras guías.

Alguien se acerca silenciosamente. Con un movimiento delicado, se sienta en el suelo apoyando la espalda en mi lecho. Permanezco inmóvil investigando quién es. El aroma es fresco, joven. Su compañía me sosiega y a la vez, me inquieta. Siento una calma interior y a su vez, una inquietud. No llego a visualizar quién es. Muevo la cabeza, pero no alcanzo a ver.

-¿No puedes dormir?-

Es ella. Sí, es ella. No sé por qué, pero me siento extraño. No me conozco.

Continúa, aunque no he contestado.

-Los turnos por la noche son más duros.-

Hace una pausa.

-Y más aburridos…- Dice mientras suspira una ligera risa.

Intento inhalar su aliento. Apenas lo consigo.

-Al menos puedes moverte.- espeto.

Al momento, siento como la cuerda de mi muñeca derecha se suelta. Levanto el rostro. La veo. Me está mirando. Sonriendo.

Una noche más...

martes, 4 de mayo de 2010

Permanezco tumbado en este colchón de paja. Siempre me despierto. Contínuamente. Por culpa del mismo sueño.

Descanso a la intemperie, atado, mirando al cielo, mirando las constelaciones. Las estrellas siempre perduran ahí, inamovibles, imperturbables. Aparentemente muertas pero inmensamente vivas. Por culpa del mismo sueño.

Duermo ligado a mi cama obligado a ver el Universo. Es la manera más pacificadora de volver cuando te despiertas con ganas de matar. Por culpa del mismo sueño.

Siempre es el mismo. Veo mar, mucho mar. Estoy en una especie de acantilado. Oigo ruido, mucho ruido. Un zumbido azota mis oidos por detrás. Siento rabia, mucha rabia. Golpeo con mis manos un olivo...

In crescendo

martes, 2 de febrero de 2010

Mucho tiempo ha pasado desde la última vez que me encontré conmigo mismo.

Mucho tiempo desde que describo mis pensamientos.

Siento que este lugar ha sido siempre mi hogar, pero no recuerdo haber vivido algo ni tan siquiera similar. Siento que este sitio ha sido diseñado para una mente diferente como la mía y a su vez, no consigo adaptarme.

Es tristemente acogedor.

Es silenciosamente agradable.

Todo es plácido y pausado. Apenas hay emociones. La gente intenta estar siempre ocupada, supongo que para no pensar. A mí principalmente me han encargado tareas de fuerza bruta. No me relaciono con nadie y creo que eso ha hecho suponer a la gente que tengo pocas luces.

De vez en cuando voy a visitar a Gavrilo y hasta hace nada estaba semiinconsciente o rabiando de dolor. El tiro que recibió se infectó y casi no lo cuenta. Todavía no he podido hablar con él pero ya está mucho mejor. Aquí comemos bastante bien.

Todos viven como yo he vivido.

Todos sienten como yo he sentido.

Estamos al mismo nivel, pero ellos están cayendo. Yo subiendo.

Fe

viernes, 1 de enero de 2010

Llegamos a una habitación no muy grande, algo fría. Una mesa de madera y un par de sillas antiguas eran el escaso mobiliario que había. Nos sentamos frente a frente. Esta vez no estaba sentado delante de ningún siquiatra.

Una mano pálida me acercó un tazón de leche por la espalda. Ni tan siquiera pude ver su rostro. Desapareció del cuarto. Nos quedamos solos.

-Beba, es leche de cabra.- dijo en un tono amable el anfitrión.- Disculpa si no me he presentado. Me llamo Samuel, pero todos aquí me llaman Sam. Y no te preocupes por tu amigo, estará en buenas manos... siempre y cuando esté sano.-

-No es mi amigo. Tan solo eramos... conocidos, Samuel.-

Se percató de que yo estaba manteniendo las distancias y aún así continuó con su tono conciliador.

-Dime, creo que todavía no has dicho cómo te llamas. ¿Y de dónde vienes?-

Apuré un gran trago antes de contestar, no fuera que mi simpatía me aguara mi último trago.

-Kepler, mi nombre es Kepler. Mi pasado... es mi pasado, como mi nombre. No tengo que dar explicaciones.-

-Bueno bueno, tranquilo entonces... Kepler. Sólo era para conocernos un poco mejor y para que me explicases de dónde venías, hacia dónde ibas y cómo diablos has podido sobrevivir ahí fuera. Maldita sea, esas bestias están acabando con todo.- Terminó esta frase bajando la mirada al suelo, a un lugar perdido cualquiera.

Se quedó pensativo durante unos segundos, luego reaccionó.

-No importa. Eres un hombre callado, pero noble entonces. Si el otro tipo que venía contigo no era tu amigo y le ayudaste en mi ataque... Dime, ¿eres consciente de en qué situación vivimos?¿traes noticias del exterior?-

Bajé la guardia con aquel hombre aparentemente cada vez más frágil

-Digamos que he estado durante un tiempo viviendo retirado.-

-Vaya ya entiendo. Entonces puede que algo de lo que te cuente ahora te sorprenda un poco. Todavía no me termino de creer que hayas estado con vida ahí fuera. El mundo ha cambiado mucho, ha cambiado radicalmente. Todos los estamentos de la sociedad civilizada han sido barridos en cuestión de escasas semanas. Te confío mis pensamientos más sinceros y no me preguntes el motivo. Puede que vea en ti a un líder de una manada que nos pueda guiar. Puede que sea simplemente la necesidad de creer en algo desconocido. Puede que sea el sentimiento interno de que cómo has venido, te irás y mis secretos marcharán contigo. No puedo derrumbarme delante de todos ellos, porque siento que a veces yo soy su único sustento. Algunos sólo duermen si estoy cerca con mi rifle. Otros lloran a mi cintura intentando encontrar paz en su desamparo. Y yo sólo soy un hombre.-

Bajo la cabeza, apoyó los codos en la mesa y situó sus manos sobre una pequeña calvicie que asomaba

-Nada volverá a ser como antes, jamás.

Vivir sin motivos

jueves, 24 de diciembre de 2009

Seguía los pasos de aquel hombre sin poder borrar de mi mente aquel rostro. No paraba de hablarme pero apenas le escuchaba, estupefacto y mirando hacia todos lados. No me encontraba en una iglesia, sino en un monasterio de clausura. Mientras recorríamos aquellas salas gigantescas de piedra maciza, puede ver como en la parte central del edificio había un patio interior inmenso que hacía la función de huerto. Aquel tipo no paraba de contarme cómo se autoabastecían, qué tipos de cultivos tenían, todo ello dentro de un silencio sepulcral. Todo el mundo parecía tener una función. No eran muchos, pero todos estaban ocupados en alguna labor, todos en silencio... Algunos se daban cuenta de mi presencia y se quedaban inmóviles durante unos segundos, para volver luego a su trabajo, con la misma mirada desilusionada que ofrece una condena a muerte.

Si alguna vez mis ojos brillan así, espero encontrar mi final.

Un nuevo mundo

domingo, 13 de diciembre de 2009

Cogí a Gavrilo como pude, y empecé a caminar hacia la iglesia. Su inmenso portón comenzó a abrirse lentamente mientras los cañones de dos escopetas recortadas se asomaban en la oscuridad.

-Entrad, rápido.-

Internamente guardaba unas ganas inmensas de saludar a hostias al capullo que nos había confundido con esos tarados sangrantes, pero los portadores de aquellas escopetas eran demasiado jóvenes para la voz que escuché. Eran practicamente dos adolescentes, un joven y una joven. Ambos me miraban estupefectos, como si nunca hubieran visto a alguien del exterior, pero no dejaban de apuntarnos.

Hice ademán de dejar a Gavrilo en el suelo pero rápidamente aparecieron unas mujeres de baja estatura ataviadas con túnicas sencillas y tal como vinieron, se llevaron a un Gavrilo semi inconsciente sin prestarme la más mínima atención.

-¿Señoras, a dónde van?- pregunté confundido.

La chica joven de la escopeta contestó –Son hermanas, las monjas del pueblo.-

Le devolví la mirada a aquella joven. Tenía un rostro liso, con unos ojos azulados. Una melena rubia un tanto desaliñada. Una boca pequeña...

-Bienvenido a nuestro refugio, siento el percance de hace un momento- dijo una voz varonil desde otro lado. Era el tipo que nos había estado disparando, rifle en mano.

–Ven por aquí.- No supe reaccionar. –Venga ven, no te quedes ahí parado como un pasmarote, tienes que explicarme muchas cosas.-

La primera impresión es la que cuenta

jueves, 26 de noviembre de 2009

Me pareció ver algo arriba del todo en el campanario, pero no presté atención.

No hay plaza de pueblo que se precie que no tenga una fuente y yo ya tenía sed. Continuaba a cuestas con Gavrilo sobre mi hombro y me encontraba debilitado.

Al entrar a la plaza pude comprobar que estaba en lo cierto. Una fuente con varios caños, con agua fresca seguramente, me darían vitalidad al menos por un par de horas. Me disponía a soltar a Gavrilo en el suelo para ir a la fuente, más tarde le tiraría dentro a él, para que despertase, cuando un sonido ensordecedor reboto en todas las paredes de la plaza.

-BANG-

En un primer momento no comprendí que estaba ocurriendo, pero poco tardé en entenderlo. Algo había impactado dos metros detrás de mí en el suelo. Me estaban disparando y me encontraba prácticamente en el jodido medio de una plaza. Volví a agarrar a Gavrilo con fuerza y empecé a utilizarlo como escudo humano en todas las direcciones. Creía que la amenaza se encontraba de frente, pero no lo sabría con seguridad hasta ver el resultado de un segundo disparo. Estaba demasiado lejos como para volver a la calle de donde venía. Mi única opción era agazaparme en la fuente.

-BANG-

Algo había pasado muy cerca de mi brazo izquierdo. Seguía corriendo hacia aquel refugio improvisado. Ya tenía claro desde dónde disparaba quien fuera. El hecho de que algo rozara mi brazo e impactara apenas unos escasos metros detrás delataban su posición. El campanario.

Conseguí llegar hasta los caños lanzándome en plancha junto con Gavrilo. El muy desgraciado ni se despertaba.

-BANG-

Ahí no tendría ningún tipo de escapatoria. Necesitaba a Gavrilo despierto. Con dos objetivos, el tirador dudaría a quien disparar y eso nos ofrecería un tiempo añadido importante para huir.

-BANG-

Observé que no lanzaba una ráfaga de disparos aunque tuviera la oportunidad, como cuando me dirigía escasos momentos antes hacia la fuente. Así, aproveché que acababa de disparar y lancé a Gavrilo todavía inconsciente a la fuente y me volví a esconder. 1 segundo, 2, 3, 4, 5... El muy desgraciado no reaccionaba y me encontraba sin ningún tipo de salida. 10, 11, 12, 13. No sabía si debía sacarle o ver cuanto era capaz de aguantar. Opté por lo segundo.

-BANG-

Joder, no paraba ese cabrón de disparar en cuanto asomaba algo sobre la fuente. 22, 23, 24, 25... Gavrilo resucitó levantándose mientras tosía agua que se había tragado. Intenté agarrarle y tirarle fuera del campo de tiro enemigo junto a mí.

-¡Gavrilo, nos están disparando!- le grité para que reaccionara rápidamente y volviera de su estado de confusión.

-BANG-

Pude ver claramente como un disparo impactó sobre su hombro y le lanzaba fuera de la fuente. Comenzó a gritar desde el suelo -¡Ahhh, joder, que alguien me ayuuude!-.

Desde arriba del campanario aquel tirador voceó -¿Sois humanos?-.

Grité -¡Bastardo!-. Contestó –¡Siii, esperar, bajo a abriros!-.

Con la iglesia hemos topado

miércoles, 18 de noviembre de 2009

No sabía qué hacer en ese momento. No sentía pena por aquel jodido chiflado inconsciente. Tampoco por el otro, aunque le faltara la cabeza.

La compasión es un instinto muy humano, es cierto. Me pregunto si será producto del egoísmo y la hipocresía... para lavar conciencias.

Cogí a Gavrilo y le eché sobre mi hombro derecho. No pesaba mucho pero menos pesaba el aire. Es el precio que tenía que pagar por ser la fuente de distracción de las amenazas. Le sacaría partido.

Reanudé el paso, introduciéndome en el pueblo por aquella carretera que tanto había dado de sí. Tenía pinta campestre, con sus casitas bajas de dos alturas alrededor de una calle principal, sus aceras estrechas y ni un solo semáforo. Era una pena que no hubiera, porque tenía entendido que en las nucleos urbanos, cuando hay revueltas, estos simpáticos mobiliarios urbanos son de los primeros en caer, por detrás de contenedores, cabinas telefónicas y fachadas de negocios y bancos. Allí no había nada de eso... sólo jodidas casitas de pueblo, una tras otra, una tras otra, una tras otra. No tenía nada con lo que medir la peligrosidad de aquel ambiente. Si bien la calle desierta me podría indicar algo, también es cierto que no tenía conocimiento ni del día de la semana ni de la hora. Sólo que había amanecido hacía no mucho.

La verdad es que caminaba sin rumbo por aquella calle de dos direcciones, pero en un solo sentido. Más adelante pude ver lo que supuse sería una plaza y por encima de las casas, un campanario.

La gente, cuando está desesperada, es capaz de creer en cualquier cosa y lo que es peor, en cualquier persona. Quizás hubiera alguien allí capaz de vocalizar más de dos sílabas sin tirar saliva ni sangre por la boca.

No es que me pusiera ahora a creer en Dios pero posiblemente fuese de los pocos sitios donde hubiera algo de comer, aunque fuese un buen par de hostias.

Creer o no creer

miércoles, 11 de noviembre de 2009

-Iniciaron aquel plan - el rostro de Gavrilo comenzó a cambiar por momentos. – Si ellos, malditos. I warned them. Y ahora están ellos también. ¿No te das cuenta?. All is connect. Decían que estaba loco, jajaja, lo dijeron, me arruinaron la vida, jajaja,¿quién tiene razón?,¿has who the reason now? jajaja si... -.

El muy jodido tarado estaba desvariando. Le brillaban los ojos como a una hiena en la noche africana.

-¿Crees que estoy loco?¿si? jajaja. Ellos también lo pensaron, jajaja. ¿Don’t you understand? jajaja, ¿te parece una casualidad? -entonces me cogió por los hombros, como si tratara de convencerme- crisis mundial, nuevo orden mundial, bestias asesinas, la población envejecida jajaja, todo cuadra. Yo sólo quería investigar, ellos sabían que estábamos por el buen camino y me apartaron, I’m a genious. Teníamos miedo de que nos descubrieran... me presionaron, me coaccionaron, yo sólo quería investigar-.

Me estaba irritando demasiado. Me soltó y comenzó a desvariar, ensimismado, hablando cada vez más fuerte, girando sobre sí mismo extendiendo los brazos como dando muestras de algo evidente.

-Ellos... kill everybody... me arruinaron... ¡dammed!... no era el plan, ¿o sí?... traicionado por todos.-

-¿Quienes son ellos?- intenté llamar la atención de su delirio.

-Sangre, saliva, mucosas, kill, kill, KILL-

Mi paciencia me perdió y le golpeé en el estómago, no se me ocurría una manera mejor de calmarle.

-All is connect... Project... Undeads...-

Arrodillado en el suelo, entre gemidos y toses, se desmayó.

La hora de la verdad

martes, 3 de noviembre de 2009

No le di ni un solo respiro. Le pregunté:

-¿Qué es lo que sabes?.-

Creo que ni tan siquiera me llegó a oir entre sus llantos. No tuve paciencia. Grité.

-¡Gavrilo, qué es lo que sabes!.-

Seguía llorando en el suelo, retorciéndose de la tensión acumulada en su trifulca. No quise esperar más. Me puse encima suya y le aparté los brazos del rostro. Fue entonces cuando me miró y paro de llorar. Rápidamente se escabulló y empezó a mirarse a sí mismo por todo el cuerpo hablando solo,”no estoy herido, no estoy herido, no estoy herido...”.

Pensé en volverle a la realidad con un golpe en la boca del estómago, pero eso retrasaría sus respuestas. Le di una última oportunidad agarrándole fuertemente la cabeza con las dos manos.

-¡Gavrilo, dime todo cuanto sepas!-

-Vale, vale, vale -seguía gimoteando- todo empezó cuando... .-

Kepler el ignorante

jueves, 29 de octubre de 2009

-¡Espera Kepler!- gritaba Gavrilo mientras no podía alcanzar el ritmo.

-¡Acaso no sabes lo que está ocurriendo!- sus gritos cada vez eran más lejanos, pero no dejaba de seguirme.

No entendí esa última pregunta pero en ese momento poco importaba. Mis ojos estaban puestos en aquel sujeto vacilante. Su forma de moverse me era familiar, pero no era capaz de encajarle en ningún recuerdo de mi memoria. Corría sintiendo todos y cada uno de aquellos pasos en plena libertad, corría pletórico.

No sabía muy bien cuál era el motivo de mi ansia por llegar. Sería la emoción por el conflicto. O el nerviosismo de las situaciones caóticas. ¿Quizás la experiencia de poner una vida en juego?. Puede que una mezcla de todo.

Le podía ver con claridad. A diez metros tenía delante una persona bastante herida. Si algo he aprendido en esta vida, es que toda víctima tiene su verdugo.

Me detuve al mismo tiempo que aquel tipo dejó de contonearse. Estaba quieto, pero su cabeza todavía bailaba levemente al son de una música que no conseguía escuchar. “Menudo jodido tarado” me dije. Miraba al suelo y unos pequeños gimoteos le salían de su boca sangrante. Alzó su rostro y pude observarle. Con la boca abierta, parecía como poseído y sus ojos reflejaban una ausencia de humanidad total. Mala manera de empezar mi primer día de libertad pensé.

Aquél energúmeno se abalanzó sobre mí. Era rápido pero falto de reflejos. Me incliné hacia la derecha y pasó de largo en contra de su voluntad. No me molesté ni en golpearle. Gavrilo venía corriendo detrás y se topó de frente con él. Chocaron frontalmente y calleron al suelo. Empezaron a zarandearse mutuamente.

-¡Aaaaaaaaaah!, ¡aaaaaah!- Gavrilo no paraba de gritar- ¡joder ayúdame Kepleeeeer, ahhhhhhh, ayúdameeeeeeee!-. La bestía no articulaba palabra alguna, solamente babeaba saliva y sangre intentando morderle a la vez que gemía como un león furioso. Gavrilo intentaba deshacerse de él con sus brazos y piernas y evitando ser mordido. El otro apenas utilizaba sus extremidades para atacar, sólo pensaba en morder.

-¡Socooorrooooo aaaaaaaah!.-

Aquella no era mi guerra. Yo no le pedí que me siguiera. No me interesaba ver como acababa aquella contienda. Estaba a punto de marcharme cuando caí. Gavrilo había dicho “¿acaso no sabes lo que está ocurriendo?”. Algo sabía y yo debería saberlo. Pensé que mejor sería obtener la información estando vivo que no muerto o agonizando. Mucha gente divaga cuando está cerca de la muerte.

Corrí hacia ellos. Gavrilo estaba perdiendo la batalla. Aquel animal estaba encima de él, cerca de conseguir su objetivo. La inercia me ayudó a patearle en el cuello y partírselo, medio arrancándole la cabeza del tronco. Su cuerpo inerte cayó al lado de un Gavrilo lloroso.

Caminos a la perdición

martes, 27 de octubre de 2009

Comencé a caminar en sentido contrario al camión, ignorando la señal de tráfico. Había divisado una pequeña población en la distancia.

Gavrilo reinició la marcha unos segundos más tarde y tuvo que acelerar para seguirme el rastro.

No tenía otra opción que acercarme a cualquier núcleo urbano. Mi plan estaba cambiando. Antes de salir de mi habitación pensaba resguardarme en el campo y las montañas. Ahora me dirigía hacia donde lo que en un principio había intentado evitar. Nunca me había llevado bien con las normas del mundo civilizado. Pero necesitaba alimentos y agua. Un mejor calzado también sería apropiado. La indumentaria no me importaba, incluso puede que me solventase alguna que otra situación. Nadie querría intimidar a un tarado.

Gavrilo me distrajo de mis divagaciones.

-Esa gente es estúpida, se merecen lo que les va a pasar, ¿eh?-

Continué caminando sin contestarle.

-Un momento... ¿tú eres Kepler verdad?-

No disminuí el paso. Se hizo un silencio largo. Le miré de reojo. Me estaba acercando a la población.

-¿Es verdad eso que dicen?-

-Cállate- le espeté.

Un cuerpo tambaleante se asomaba por el medio de la carretera que entraba al pueblo.

Cerré los puños con fuerza y comencé una carrera ligera por el asfalto.

Ciudadanos

viernes, 23 de octubre de 2009

Su rostro cambio ligeramente y sus ojos se desviaron de mi cara. Miró a la carretera, hacia el sol. Le acompañé con el gesto. Podíamos ver como un camión se acercaba por la carretera.

Era un camión militar de mercancias. Ya podíamos verlo claramente. No pensamos en huir, ni tan siquiera nos escondimos. Venía sólo ese camión. Sin ningún tipo de escolta ni jeeps, ni por delante ni por detrás. Ese vehículo no venía en nuestra captura. Nos apartamos hasta la cuneta. Gavrilo dio un paso atrás situándose en una segunda fila. Permanecimos estáticos e inmóviles. Al acercarse a nosotros bajaron la velocidad, sin detenerse. El vehículo estaba bastante dañado.

Las lunas rotas, la parte frontal con abundantes daños, manchas de sangre por doquier... conducía un chaval joven, militar, al menos iba vestido como tal. Parecía muy cansado. El copiloto era un tipo más adulto, con barba, sujetando una ametralladora. Nos miraban fíjamente.

Gavrilo dio un paso al frente e intentó advertirles de hacia donde se dirigían.
-No vayáis...

Rápidamente aquel barbudo nos apuntó nerviosamente con su arma. Gavrilo calló.

Siguió pasando el camión. Donde debería haber paquetes y cajas militares, sólo había gente. No eran muy numerosos. Todos iban sentados. Todos cabizbajos. Todos callados. Nos miraron y reaccionaron indiferentes.

¿Eso era lo que quedaba de la sociedad?

Conocido

martes, 20 de octubre de 2009

Le miré a los ojos fijamente mientras él me seguía ofreciendo su mano. No sabía si debía fiarme de una persona que me había estado siguiendo toda una noche.

Me entraron ganas de golpearle. Es una buena manera de empezar una relación. Consiste en atacar de primera instancia para dejar claro los roles, similar a cuando dos machos se disputan el liderazgo de una manada. Se aprendía bastante de los documentales en vhs sobre la naturaleza. Jodido Jony...

Entendí que no era ninguna amenaza. Por un lado, no se habría esperado a la luz del día para iniciar un enfrentamiento frontal. Segundo, delató su sumisión al agachar la cabeza al tenderme la mano.

Le estreché mi mano derecha.

Empezó a esbozar una sonrisa. Se le veía contento. Yo sin embargo, me sentía extraño. Hacía tanto que nadie me había ofrecido su amistad. No sé si así es como se hacían los amigos. Nunca los necesité. Nunca los tuve.

Gavrilo

jueves, 15 de octubre de 2009

Seguí mi camino por la llanura. La cúpula del cielo sutílmente empezó a cambiar de color. Estaba amaneciendo en un claro día de Octubre. Mis bohemios pensamientos desaparecían con la claridad. Con la medicación nunca podía divagar.

Intentaba ir hacia el Este. No tenía claro el motivo de por qué iba en esa dirección, pero ya no tenía sentido volver hacia el Oeste en donde apenas brillaba una luz. El sanatorio ardía bien en el horizonte.

Era el momento de dirigirse hacia la carretera y encontrar alguna señal de tráfico que me indicara mi situación en la península. Durante toda la noche no había habido ni un solo coche por aquella carretera. No sabía si realmente era poco transitada o tenía algo que ver el incidente del camión.

Sólo me acercaría a la vía si divisase algún cartel. El asfalto es el último sitio donde uno ha de permanecer si desea pasar desapercibido. Normalmente no me importaba lo que ocurría en la sociedad, ni tan siquiera las vidas ajenas pero algo debía haber pasado para que nos dieran barra libre en aquel centro de salud mental. Quien sabe si había estallado una guerra civil o quizás una guerra mundial.

Pude ver una señal de tráfico a lo lejos. Estaría a unos 200 o 300 metros. Los rayos de sol impactaban en mi retina cegándome. Debería acercarme bastante más si quería leer algo. Posiblemente durante la noche pasé de largo más señales de tráfico, pero no podía exponerme tanto. Mis teorías de momento estaban dando resultado.

Saqué el mapa del interior de mis pantalones. La verdad es que estaba ansioso por saber mi ubicación. Casi ya podía leer la señal. Una extraña sensación me hizo volver la mirada hacia atrás.

Alguien me había estado siguiendo. Aquellos pensamientos profundos de la noche habían dispersado mi precaución, “¡maldita sea!”.

Se percató de que le había visto. No realicé ningún movimiento. Fue entonces cuando se irguió y levanto un brazo al cielo saludando. No sonreía, pero su paso era tranquilo. Caminaba bastante sucio, con la ropa y piel casi cubiertas de un polvo negro. No era un chamuscado salvaje. Supuse que era hollín.

Sabía desde dónde me seguía. Iba vestido igual que yo.

Me tendió amistosamente su mano negra.

-“Hola, me llamo Gavrilo”.




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Paradoja

miércoles, 14 de octubre de 2009

Caminé de noche paralelo a la carretera. La brisa y las estrellas me relajaban.

“Qué he de hacer en un mundo que no es el mío”.

“Esas criaturas animales... “
“Las mismas que me han atacado, me han brindado la libertad”.

“Esas criaturas humanas...”
“Las mismas que me persiguieron, son las que han desaparecido”.

“Qué he de hacer en un mundo que no entiendo”.

“El destino no existe. La justicia no existe. La esperanza no existe”.

“Qué he de hacer en un mundo para el que nací”.

Payback

domingo, 11 de octubre de 2009

Rápidamente, al cruzar la puerta, me desplacé a la izquierda para cubrirme las espaldas con la pared. Si algo me hubiera seguido desde dentro del edificio, seguro que me habría atacado en ese momento. Al ser diestro podría golpear con más fuerza desde esa situación.

“Hubiera jurado cuando salí de la biblioteca, haber oído mucho jaleo aquí fuera”. Esperaba ver la respuesta a tanto griterío. La encontré relativamente.

No había mucha gente. Todos estaban tirados en el suelo. Algunos apenas tenían escoriaciones aunque podrían haber muerto desangrados. Otros difícilmente se podrían distinguir de fiambreras gigantes.... pero faltaban cuerpos. No había suficientes cadáveres ahí tirados. ¿Dónde habrían ido?

Daba igual. Me marchaba de este lugar para no volver jamás. Partía sin alimentos y sin ningún tipo de arma. No atravesaría el jardín corriendo. No hasta que no viera una amenaza. Correr no sólo mostraría miedo sino también me impediría razonar mejor y agotaría mis fuerzas antes de que fuera necesario.

Si yo fuera un depredador, esperaría al final del jardín, en el hueco que había dejado el camión en llamas. Ahí el efecto embudo sería mi aliado...

Caminaba con paso ligero. En línea recta. Cada dos o tres pasos miraba a un lado y a otro, pero sin detenerme. Mientras, mirada al frente. Oídos afilados, sólo esperaba escuchar mis propias pisadas y el fuego del camión. No paraba de sortear cuerpos. A veces tenía que evitar pisar algunos miembros. A saber de quien serían.

Un gemido sonó bastantes metros por detrás. Me giré. Uno de esos infelices que estaba tumbado boca abajo se movió ligeramente. Estaba vivo. El condenado no tenía un brazo y el otro lo tenía medio colgando. El muy cabrón se retorcía para poder levantarse. Estaba totalmente ensangrentado y aún así le estaba poniendo un buen par de huevos. Se alzó definitivamente y levantó la cabeza... ¡joder, era Jony!. Me miró y caminó hacia mí. Estaba tambaleándose pero el muy jodido no se detenía. Creo que en ese momento se había ganado que no le abriera la cabeza como había prometido.

Di media vuelta y continué mi camino. Me daba cierta confianza el hecho de que estuviera él ahí. Sería el primero en caer si una emboscada venía por la retaguardia. Tuve la sensación de que a cada paso que daba, las agonías de Jony sonaban más. Estaría aligerando el paso. No importaba. Él me conocía y sabía que si me atacaba por la espalda, se arrepentiría.

Apresuré el pasó. El jardín empezó a hacerse demasiado largo. El fuego ya sonaba vívamente y su resplandor era cegador, pero tenía que pasar por ahí. Admito que bajé las defensas. Cuando me quise dar cuenta, esos balbuceos sonaban demasiado cercanos. Algo me dijo que tenía que girarme. Lo hice. Su rostro. Lo vi. Totalmente lleno de sangre. Quizá su propia sangre. Con la boca abierta. Sus ojos. No eran sus ojos. Se lanzó hacia mí. Pude ver como intentó morderme. Jodeeer. Le metí un gancho tirándole dos metros atrás. Sentí como le había partido la mandíbula en dos. Volvió a levantarse. Esta vez con la cara totalmente desfigurada. Me perseguía el muy desgraciado. Sin un brazo, la mitad del otro, la cara partida y obsesionado con morderme. Se me acabó la paciencia. Arranqué hacia él y salté con los pies por delante a la altura de sus rodillas. Oí el estallido de sus rótulas. No gritó de dolor. Al levantarme me agarró del tobillo con lo que le quedaba del brazo. Mi otra pierna se alzó noventa grados y cayó sobre su cráneo.

Reinicié mi camino, para nunca volver.

Salí de aquel lugar, pisé suelo exterior.

“Ése no era Jony, no era ninguno de sus movimientos, no era su forma de atacar. Como si fuese un perro de presa”.

“Ése no era Jony”.

Cumplí mi promesa.

Pobre Diablo

jueves, 8 de octubre de 2009

El chamuscado había subido por la escalera de emergencia, sería por algo. Comencé a bajar por la principal. Si me encontraba con algún enemigo, dada mi posición superior, partiría con ventaja en el ataque.

Sabía que fuera me esperaba un jardín y después, el mundo exterior.

“Odio la medicación” me decía.

Cuando estás solo mucho tiempo, aprendes a hablar solo.

“Este lugar sólo tiene una salida, una jodida salida. No es una casita de madera con su jardincito, con una entrada principal y otra para el servicio. Para que señor papa y señora mama observen desde la terracita diseño colonial a sus hijitos jugar en su hipócrita sociedad del bienestar”.

Cuando estás solo mucho tiempo, aprendes a pensar.

“Nadie va a venir aquí ”.

Cuando estás solo mucho tiempo, aprendes a razonar.

“Creo que necesito tomarme la medicación, pero no hay tiempo”.

Cuando estás solo mucho tiempo, aprendes a conocerte.

“Ha llegado el momento”. Abrí la puerta que daba al jardín en llamas.

Cuando has estado solo mucho tiempo, no tienes nada que perder.

Libra

lunes, 5 de octubre de 2009

Permanecí inmóvil, ni tan siquiera me volví a agachar para evitar ser visto. El más mínimo sonido le habría alertado de mi presencia. Era espeluznante como aquella cosa introducía su rostro entre las tripas y las arrancaba de aquel desgraciado.

Intentaba entenderlo, pero nada cuadraba. Un ser humano, aparentemente varón, estatura 1’80 metros y 75 kilogramos de peso. Quemaduras en el 90 % de su cuerpo. Su escasa ropa estaba adherida a su cuerpo como si de una pegatina se tratara. No mostraba síntomas de dolor. Psicomotricidad conservada, incluso demasiado ágil dado su estado. Agresivo. Emisión de gemidos y balbuceos indescriptibles.

Dejó de comer. Por unos segundos creí que me había advertido o un sexto sentido le había revelado dónde me encontraba. Comenzó a olfatear y vio el rastro de sangre que le conducía dentro de mi celda. El muy cabrón estaba buscando más. Se incorporó y lentamente entró en mi habitación.

Qué debía hacer. Era cuestión de segundos que aquel chamuscado se diera cuenta de que en el suelo de mi cuarto sólo había un gran charco de sangre. Entonces saldría como un poseso a reiniciar su festín. Dentro tenía mi comida para la escapada, pero no me podía exponer a una pelea a muerte y menos por ese motivo.

No era miedo, sino estrategia. No debía enfrentarme a cualquier persona que me desafiara. El mundo está lleno de jodidos tarados. Llegué a la conclusión que si esa cosa estaba así, las otras siluetas que vi saliendo del camión en llamas puede que también tuvieran la misma sintomatología.

Estábamos él y yo a solas. Él dentro de mi habitación. Yo en el pasillo. Si me acercaba oiría mis pisadas y saldría. Si huía, ocurriría los mismo. Tuve una idea.

Me quité las zapatillas haciendo el mínimo ruido posible. Lentamente, me fui acercando a la puerta. Estaba ya casi al lado. Llegué y me coloqué entre lo que quedaba del tarado descuartizado y la entrada. La jodida puerta se abría hacia dentro, de manera que tenía que alargar el brazo para coger el pomo. Podía sentir como gemía el muy cabrón. Rápidamente pisé dentro del cuarto con tal mala suerte que mi pie cayó sobre el charco de sangre, llamando la atención del chamuscado. Vi como se giraba. Eso no era humano. Y zas!.

Cerré de un portazo y fijé la estaca como palanca para evitar que la puerta se abriera. Aquel tipo empezó a abollar la celda a hostias. Debía estar muy mosqueado, era una putada en toda regla.

...

Nos miramos a la cara... no podía creérmelo. Nunca vi tanta salvajez, tanto ansia por matar, tanto instinto.

Encuentro

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Me dirigía a mi habitación. Los lloriqueos de Arecibo dejaron de resonar al cerrar la puerta de la biblioteca. No me había dado cuenta. Ya era prácticamente de noche y el fuego del exterior bañaba los jardines con una luz dorada. Caminaba deprisa por los pasillos del recinto siendo consciente que algo estaba ocurriendo ahí fuera, demasiados gritos... pero no podía distraerme más, así que ni tan siquiera miré por los ventanales vallados.

La explosión anterior habría provocado alguna avería en el cuadro eléctrico y estaba empezando a provocar cortes intermitentes en la iluminación de todo el recinto. Parte de la culpa también la tendrían los viejos generadores de luz de emergencia que supongo que sitios como estos irían provistos.

Tenía que apurarme si no me quería quedar encerrado aquí para siempre, ningún psiquiatra en su sano juicio me indultaría habiendo matado a un chalado con mis propias manos. “Debí haber razonado mejor joder, su cuerpo está apoyado sobre la pared de mi habitación y hay un puto camino que indica que la sangre proviene de mi celda”. Murmuré mientras me guiaba doblando las esquinas de este laberinto.

Mi médico decía que tenía que controlar mis impulsos y razonar, siempre razonar. Siempre lo hacía. Siempre razonaba como podía reducir a mi presa de forma más efectiva. Siempre.

Se me estaba haciendo tarde, demasiado. Menos mal que ya estaba llegando a mi celda. Iba repasando qué era lo que necesitaba. Cogería algo de comer, mi boli y mi libreta. Con eso y la estaca que llevaba encima podía ser suficiente. Una pena que no me diera tiempo a utilizar el extintor. Si Jony se acercara por mi habitación...

Estaba un tanto confuso. No me importaban nada estas salas frías como el hierro, pero sentía cierta añoranza sin todavía haberme ido. Tenía recuerdos en cada una de las que iba atravesando.

Llegué a mi pasillo. Me detuve. Me agazapé y observé. El tarado falto de amigos estaba agonizando, sangraba mucho, pero ahí estaba el muy cabrón, todavía vivo. No era capaz de levantarse, las piernas las tenía medio inmóviles o algo parecido. La verdad es que no recuerdo bien dónde le golpeé. Él agitaba lentamente los brazos de un lado al otro, como haciendo ademán de querer levantarse hacia un lado primero, hacia otro después. Estaba como ido. Creo que eran sus últimos movimientos.

Al fondo del pasillo apareció un cuerpo entre la oscuridad de la escalera de emergencia. “Menuda mierda de luz de emergencia” me he dicho siempre. Miré fijamente calibrando sus pasos, sus movimientos de cadera y el baile de sus brazos al caminar. Ya le tenía.

“Esta vez sí” me dije en voz alta seguro de mí mismo. No podía haber nadie tan capullo aquí de moverse de esa manera. “Ése es Jony” pronuncié mientras me levantaba.

Aquel cuerpo oscuro empezó a correr hacia delante, hacia mí, hacia el tarado, hacia no se dónde. Era muy rápido. Era salvaje. Era voraz. Mis pupilas se dilataron al compás de su aceleración para intentar descifrar quién era. No era Jony. Yo le había visto correr, saltar y atacar. Era un hombre negro. Se movía muy rápido. Espera no, no era negro... estaba totalmente negro, estaba totalmente quemado. Se abalanzó sobre el chalado que ni tan siquiera le vio venir. Empezó a morderle por todas partes como si de un depredador se tratara. No era humano. No parecía humano. El otro no podía ni tan siquiera resistirse y se limitaba a moverse lentamente mientras cada vez más sangraba por la boca y por todos los pedazos de carne que esa bestia le estaba arrancando. Se limitaba a dejarse ser comido.

No podía creérmelo. Nunca vi tanta salvajez, tanto ansia por matar, tanto instinto.