Mucho tiempo ha pasado desde la última vez que me encontré conmigo mismo.
Mucho tiempo desde que describo mis pensamientos.
Siento que este lugar ha sido siempre mi hogar, pero no recuerdo haber vivido algo ni tan siquiera similar. Siento que este sitio ha sido diseñado para una mente diferente como la mía y a su vez, no consigo adaptarme.
Es tristemente acogedor.
Es silenciosamente agradable.
Todo es plácido y pausado. Apenas hay emociones. La gente intenta estar siempre ocupada, supongo que para no pensar. A mí principalmente me han encargado tareas de fuerza bruta. No me relaciono con nadie y creo que eso ha hecho suponer a la gente que tengo pocas luces.
De vez en cuando voy a visitar a Gavrilo y hasta hace nada estaba semiinconsciente o rabiando de dolor. El tiro que recibió se infectó y casi no lo cuenta. Todavía no he podido hablar con él pero ya está mucho mejor. Aquí comemos bastante bien.
Todos viven como yo he vivido.
Todos sienten como yo he sentido.
Estamos al mismo nivel, pero ellos están cayendo. Yo subiendo.
martes, 2 de febrero de 2010
viernes, 1 de enero de 2010
Llegamos a una habitación no muy grande, algo fría. Una mesa de madera y un par de sillas antiguas eran el escaso mobiliario que había. Nos sentamos frente a frente. Esta vez no estaba sentado delante de ningún siquiatra.
Una mano pálida me acercó un tazón de leche por la espalda. Ni tan siquiera pude ver su rostro. Desapareció del cuarto. Nos quedamos solos.
-Beba, es leche de cabra.- dijo en un tono amable el anfitrión.- Disculpa si no me he presentado. Me llamo Samuel, pero todos aquí me llaman Sam. Y no te preocupes por tu amigo, estará en buenas manos... siempre y cuando esté sano.-
-No es mi amigo. Tan solo eramos... conocidos, Samuel.-
Se percató de que yo estaba manteniendo las distancias y aún así continuó con su tono conciliador.
-Dime, creo que todavía no has dicho cómo te llamas. ¿Y de dónde vienes?-
Apuré un gran trago antes de contestar, no fuera que mi simpatía me aguara mi último trago.
-Kepler, mi nombre es Kepler. Mi pasado... es mi pasado, como mi nombre. No tengo que dar explicaciones.-
-Bueno bueno, tranquilo entonces... Kepler. Sólo era para conocernos un poco mejor y para que me explicases de dónde venías, hacia dónde ibas y cómo diablos has podido sobrevivir ahí fuera. Maldita sea, esas bestias están acabando con todo.- Terminó esta frase bajando la mirada al suelo, a un lugar perdido cualquiera.
Se quedó pensativo durante unos segundos, luego reaccionó.
-No importa. Eres un hombre callado, pero noble entonces. Si el otro tipo que venía contigo no era tu amigo y le ayudaste en mi ataque... Dime, ¿eres consciente de en qué situación vivimos?¿traes noticias del exterior?-
Bajé la guardia con aquel hombre aparentemente cada vez más frágil
-Digamos que he estado durante un tiempo viviendo retirado.-
-Vaya ya entiendo. Entonces puede que algo de lo que te cuente ahora te sorprenda un poco. Todavía no me termino de creer que hayas estado con vida ahí fuera. El mundo ha cambiado mucho, ha cambiado radicalmente. Todos los estamentos de la sociedad civilizada han sido barridos en cuestión de escasas semanas. Te confío mis pensamientos más sinceros y no me preguntes el motivo. Puede que vea en ti a un líder de una manada que nos pueda guiar. Puede que sea simplemente la necesidad de creer en algo desconocido. Puede que sea el sentimiento interno de que cómo has venido, te irás y mis secretos marcharán contigo. No puedo derrumbarme delante de todos ellos, porque siento que a veces yo soy su único sustento. Algunos sólo duermen si estoy cerca con mi rifle. Otros lloran a mi cintura intentando encontrar paz en su desamparo. Y yo sólo soy un hombre.-
Bajo la cabeza, apoyó los codos en la mesa y situó sus manos sobre una pequeña calvicie que asomaba
-Nada volverá a ser como antes, jamás.
jueves, 24 de diciembre de 2009
Seguía los pasos de aquel hombre sin poder borrar de mi mente aquel rostro. No paraba de hablarme pero apenas le escuchaba, estupefacto y mirando hacia todos lados. No me encontraba en una iglesia, sino en un monasterio de clausura. Mientras recorríamos aquellas salas gigantescas de piedra maciza, puede ver como en la parte central del edificio había un patio interior inmenso que hacía la función de huerto. Aquel tipo no paraba de contarme cómo se autoabastecían, qué tipos de cultivos tenían, todo ello dentro de un silencio sepulcral. Todo el mundo parecía tener una función. No eran muchos, pero todos estaban ocupados en alguna labor, todos en silencio... Algunos se daban cuenta de mi presencia y se quedaban inmóviles durante unos segundos, para volver luego a su trabajo, con la misma mirada desilusionada que ofrece una condena a muerte.
Si alguna vez mis ojos brillan así, espero encontrar mi final.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Cogí a Gavrilo como pude, y empecé a caminar hacia la iglesia. Su inmenso portón comenzó a abrirse lentamente mientras los cañones de dos escopetas recortadas se asomaban en la oscuridad.
-Entrad, rápido.-
Internamente guardaba unas ganas inmensas de saludar a hostias al capullo que nos había confundido con esos tarados sangrantes, pero los portadores de aquellas escopetas eran demasiado jóvenes para la voz que escuché. Eran practicamente dos adolescentes, un joven y una joven. Ambos me miraban estupefectos, como si nunca hubieran visto a alguien del exterior, pero no dejaban de apuntarnos.
Hice ademán de dejar a Gavrilo en el suelo pero rápidamente aparecieron unas mujeres de baja estatura ataviadas con túnicas sencillas y tal como vinieron, se llevaron a un Gavrilo semi inconsciente sin prestarme la más mínima atención.
-¿Señoras, a dónde van?- pregunté confundido.
La chica joven de la escopeta contestó –Son hermanas, las monjas del pueblo.-
Le devolví la mirada a aquella joven. Tenía un rostro liso, con unos ojos azulados. Una melena rubia un tanto desaliñada. Una boca pequeña...
-Bienvenido a nuestro refugio, siento el percance de hace un momento- dijo una voz varonil desde otro lado. Era el tipo que nos había estado disparando, rifle en mano.
–Ven por aquí.- No supe reaccionar. –Venga ven, no te quedes ahí parado como un pasmarote, tienes que explicarme muchas cosas.-
jueves, 26 de noviembre de 2009
Me pareció ver algo arriba del todo en el campanario, pero no presté atención.
No hay plaza de pueblo que se precie que no tenga una fuente y yo ya tenía sed. Continuaba a cuestas con Gavrilo sobre mi hombro y me encontraba debilitado.
Al entrar a la plaza pude comprobar que estaba en lo cierto. Una fuente con varios caños, con agua fresca seguramente, me darían vitalidad al menos por un par de horas. Me disponía a soltar a Gavrilo en el suelo para ir a la fuente, más tarde le tiraría dentro a él, para que despertase, cuando un sonido ensordecedor reboto en todas las paredes de la plaza.
-BANG-
En un primer momento no comprendí que estaba ocurriendo, pero poco tardé en entenderlo. Algo había impactado dos metros detrás de mí en el suelo. Me estaban disparando y me encontraba prácticamente en el jodido medio de una plaza. Volví a agarrar a Gavrilo con fuerza y empecé a utilizarlo como escudo humano en todas las direcciones. Creía que la amenaza se encontraba de frente, pero no lo sabría con seguridad hasta ver el resultado de un segundo disparo. Estaba demasiado lejos como para volver a la calle de donde venía. Mi única opción era agazaparme en la fuente.
-BANG-
Algo había pasado muy cerca de mi brazo izquierdo. Seguía corriendo hacia aquel refugio improvisado. Ya tenía claro desde dónde disparaba quien fuera. El hecho de que algo rozara mi brazo e impactara apenas unos escasos metros detrás delataban su posición. El campanario.
Conseguí llegar hasta los caños lanzándome en plancha junto con Gavrilo. El muy desgraciado ni se despertaba.
-BANG-
Ahí no tendría ningún tipo de escapatoria. Necesitaba a Gavrilo despierto. Con dos objetivos, el tirador dudaría a quien disparar y eso nos ofrecería un tiempo añadido importante para huir.
-BANG-
Observé que no lanzaba una ráfaga de disparos aunque tuviera la oportunidad, como cuando me dirigía escasos momentos antes hacia la fuente. Así, aproveché que acababa de disparar y lancé a Gavrilo todavía inconsciente a la fuente y me volví a esconder. 1 segundo, 2, 3, 4, 5... El muy desgraciado no reaccionaba y me encontraba sin ningún tipo de salida. 10, 11, 12, 13. No sabía si debía sacarle o ver cuanto era capaz de aguantar. Opté por lo segundo.
-BANG-
Joder, no paraba ese cabrón de disparar en cuanto asomaba algo sobre la fuente. 22, 23, 24, 25... Gavrilo resucitó levantándose mientras tosía agua que se había tragado. Intenté agarrarle y tirarle fuera del campo de tiro enemigo junto a mí.
-¡Gavrilo, nos están disparando!- le grité para que reaccionara rápidamente y volviera de su estado de confusión.
-BANG-
Pude ver claramente como un disparo impactó sobre su hombro y le lanzaba fuera de la fuente. Comenzó a gritar desde el suelo -¡Ahhh, joder, que alguien me ayuuude!-.
Desde arriba del campanario aquel tirador voceó -¿Sois humanos?-.
Grité -¡Bastardo!-. Contestó –¡Siii, esperar, bajo a abriros!-.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
No sabía qué hacer en ese momento. No sentía pena por aquel jodido chiflado inconsciente. Tampoco por el otro, aunque le faltara la cabeza.
La compasión es un instinto muy humano, es cierto. Me pregunto si será producto del egoísmo y la hipocresía... para lavar conciencias.
Cogí a Gavrilo y le eché sobre mi hombro derecho. No pesaba mucho pero menos pesaba el aire. Es el precio que tenía que pagar por ser la fuente de distracción de las amenazas. Le sacaría partido.
Reanudé el paso, introduciéndome en el pueblo por aquella carretera que tanto había dado de sí. Tenía pinta campestre, con sus casitas bajas de dos alturas alrededor de una calle principal, sus aceras estrechas y ni un solo semáforo. Era una pena que no hubiera, porque tenía entendido que en las nucleos urbanos, cuando hay revueltas, estos simpáticos mobiliarios urbanos son de los primeros en caer, por detrás de contenedores, cabinas telefónicas y fachadas de negocios y bancos. Allí no había nada de eso... sólo jodidas casitas de pueblo, una tras otra, una tras otra, una tras otra. No tenía nada con lo que medir la peligrosidad de aquel ambiente. Si bien la calle desierta me podría indicar algo, también es cierto que no tenía conocimiento ni del día de la semana ni de la hora. Sólo que había amanecido hacía no mucho.
La verdad es que caminaba sin rumbo por aquella calle de dos direcciones, pero en un solo sentido. Más adelante pude ver lo que supuse sería una plaza y por encima de las casas, un campanario.
La gente, cuando está desesperada, es capaz de creer en cualquier cosa y lo que es peor, en cualquier persona. Quizás hubiera alguien allí capaz de vocalizar más de dos sílabas sin tirar saliva ni sangre por la boca.
No es que me pusiera ahora a creer en Dios pero posiblemente fuese de los pocos sitios donde hubiera algo de comer, aunque fuese un buen par de hostias.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
-Iniciaron aquel plan - el rostro de Gavrilo comenzó a cambiar por momentos. – Si ellos, malditos. I warned them. Y ahora están ellos también. ¿No te das cuenta?. All is connect. Decían que estaba loco, jajaja, lo dijeron, me arruinaron la vida, jajaja,¿quién tiene razón?,¿has who the reason now? jajaja si... -.
El muy jodido tarado estaba desvariando. Le brillaban los ojos como a una hiena en la noche africana.
-¿Crees que estoy loco?¿si? jajaja. Ellos también lo pensaron, jajaja. ¿Don’t you understand? jajaja, ¿te parece una casualidad? -entonces me cogió por los hombros, como si tratara de convencerme- crisis mundial, nuevo orden mundial, bestias asesinas, la población envejecida jajaja, todo cuadra. Yo sólo quería investigar, ellos sabían que estábamos por el buen camino y me apartaron, I’m a genious. Teníamos miedo de que nos descubrieran... me presionaron, me coaccionaron, yo sólo quería investigar-.
Me estaba irritando demasiado. Me soltó y comenzó a desvariar, ensimismado, hablando cada vez más fuerte, girando sobre sí mismo extendiendo los brazos como dando muestras de algo evidente.
-Ellos... kill everybody... me arruinaron... ¡dammed!... no era el plan, ¿o sí?... traicionado por todos.-
-¿Quienes son ellos?- intenté llamar la atención de su delirio.
-Sangre, saliva, mucosas, kill, kill, KILL-
Mi paciencia me perdió y le golpeé en el estómago, no se me ocurría una manera mejor de calmarle.
-All is connect... Project... Undeads...-
Arrodillado en el suelo, entre gemidos y toses, se desmayó.